yeni

30 04 2009

A las cinco y media se levanta Luis y la casa se sumerge en el aroma del café, el tuc-tuc suave de Radio Reloj y los demás sonidos de la madrugada. Yo abro los ojos y los vuelvo a cerrar en un bostezo caliente. Pienso en Yeni porque he soñado con ella y me esfuerzo en retener esa sensación. Repaso su carita redonda y su sonrisa nerviosa llena de dientecitos blancos… su cuerpo suave, amplio, de adolescente suculenta. Abrazo la almohada, la beso, la muerdo, respiro su olor. ((Si Yeni soñara conmigo así, de esta manera…)).
—Ariii, Arito. Dale que ya son las siete. Luliii, Luli, dale Lulita, levántate.
Mi madre es toda dulzura en la mañana. Demasiada digo yo, es algo a
propósito, una técnica infalible para despertarnos. Se pone a cantar una canción de la familia Pirulí que detesto: “Arriba, arriba, compañerito, llegó la hora del cuentecito…bla, bla, bla”. Entonces termino molestándome y ella muerta de risa. Mi hermana tampoco aguanta la embestida y comienza a lanzar unos ((ya mami)) que son las notas definitivas para arruinar mi romántico despertar.
Por eso me la descobro y la fastidio con lo del pipi. Está en sexto grado y todavía se orina en la cama y se chupa los dedos, los dos del medio, de manera que los restantes parecen cuernos. Pero lo mejor es cómo amanece. En el medio del colchón se extiende todo un mar de orina frío que expulsa su cuerpecito menudo hacia las orillas de la cama, y la pobre Luli, para no mojarse, adopta una posturas increíbles, lo mismo con una pierna entera fuera de la cama, que arrodillada en el suelo con la cabeza en el colchón, que con los pies para arriba contra la pared. En ocasiones da tanta risa que da tristeza. Nosotros nos reimos y ella llora.
Desayunamos y nos vamos los dos hasta la parada. Le cruzo la calle y le doy un beso y un abrazao que le duela, y otro beso y otro hasta que grite. Entonces cruzo a mi parada y espero tener la suerte de que no pase la guagua para entonces irme a Computación.
De los varones soy el único que va en guagua para la escuela. Los demás se van en bicicleta, como antes hacía yo, lo que pasa es que ahora tengo la bicicleta rota y soy demasiado vago.
La secundaria queda en Las Guásimas, pueblito que está a tres kilómetros
de mi casa. El último piso es el de la escuela, el segundo es una tienda y el primero un agromercado.
Arián llega todo sudado. Hace media hora empezó el turno de inglés.
—Teacher, may I come in.
—Yes, come in.
—Thanks you.
Se dirige hasta su silla. Saca una libreta y un lápiz de su carpeta. Delante se sienta Humberto y detrás Manuel.
—Humbe, préstame una cuchilla.
—No tengo.
—Yeni, préstame una cuchilla —la muchacha se sienta en el pupitre de la derecha, detrás de Yordalis. Le presta la cuchilla.
Arián se le queda mirando mientras ella escribe.

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4 responses

13 06 2009
alicia

Que lindo!!!! Me recuerda a cuando me orinaba yo…jajaja…muy original.

13 06 2009
Arian Fornaris Fernandez

Y los deos no te los chupabas?

13 06 2009
alicia

ni siquiera probarlos!!!

15 06 2009
Arian Fornaris Fernandez

Bueno, nunca es tarde para empezar.

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